CINCO
Creo que los hijos deben besar día a día a
sus padres
Cuando digo besar, no me refiero únicamente al gesto físico
de dar un beso.
Besar puede dignificar, según creo, muchas cosas.
Preguntar amablemente, ¿cómo te fue en el trabajo?
Compartir alguna inquietud,
deporte,
película,
o participar de la charla favorita de nuestros padres.
Acompañarlo, con ganas, a pescar,
a una excursión,
una caminata.
Hacer un regalo en su día.
En el día del amigo,
aunque sea una simple chuchería, o una tarjeta con un mensaje
de amor.
Decir, de tanto en tanto, TE QUIERO.
Recibir sin recelos las caricias de papa o de mamá.
Aceptar sus consejos,
discutir amablemente,
no huir cerrando violentamente la puerta,
solo porque no estoy de acuerdo,
no insultar.
Ser responsable en lo que nos toca ser responsables.
Hacernos cargo de la responsabilidad de poner nuestra alegría
juvenil al servicio del hogar.
Ayudar a nuestros padres a soportar los múltiples inconvenientes
por los que atraviesa la familia,
aunque mas no sea acompañando amablemente.
Todo gesto o actitud positiva hacia los demás, puede tener el
mismo sentido que un beso físico, estamos besando simbólicamente
cuando demostrando amor, caridad y buenas intenciones.
¿Qué alegría puede haber en nuestro corazón al estar
peleados permanentemente con nuestros padres?
Al soportar un ambiente de hostilidad e insultos permanentes?
¿Cómo podemos sentirnos bien si no podemos charlar con
ellos?
¿Si no podemos confiar en ellos?
¿Si no queremos confiar en ellos?
¿Si no participamos plenamente de la vida familiar?
¿Cómo podemos sentirnos cómodos si no demostramos el
amor que sentimos por nuestros padres?
Porque....sentimos amor.
Pese a que nos esforcemos por no reconocerlo, sentimos
amor.
Es mucho mas difícil, hacernos los recios,
negarnos a amar, que demostrar lo que verdaderamente
sentimos.
Es mas difícil caretear,
que mostrarnos tal cual somos.
Cuando nos hacemos los duros vivimos la contradicción interior
de saber que estamos mintiendo,
que nos estamos poniendo una careta que lo único que nos
provoca es dolor.
Cuando demostramos lo que en verdad sentimos,
cuando dejamos salir el amor,
y lo entregamos,
no solo nos estamos fortaleciendo sino que además estamos
construyendo nuestra propia felicidad, sobre una base firme.
Adelante,
aflojemos,
amemos a nuestros padres en la practica como sentimos que
los amamos en el corazón.
Tratemos de iniciar diálogos fructíferos y profundos.
Felicitemos.
Indaguemos sobre sus cosas.
Conozcamos su vida pasada a través de las anegdotas que
nos cuentan.
Recurramos a los abuelos, si los tenemos, a los tíos, para conocer
mas a nuestros padres.
Digámosles nuestros secretos.
Recurramos a su experiencia.
Depositemos en ellos nuestra confianza.
Hagamos ahora el ejercicio, nos daremos cuenta que si bien
no es fácil, con constancia y mucho amor se puede.
A muchos les ha pasado que se dieron cuenta de lo que podrían
haber hecho con sus padres no lo hicieron, solo cuando
estos ya no estaban a su lado.
Por que, entonces, tenemos repetir esa experiencia?
Si nuestros padres están pues....aprovechemos hoy su presencia
para no tener que llorar en su ausencia.
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