martes, 25 de marzo de 2008

NUEVE
Creo en una educación diferente
Antes de comenzar el capítulo tal vez haya que hacer una
aclaración del por que hablamos de la educación.
La educación antes que nada, según nuestra forma de ver las
cosas,
es un proceso de amor.
Un proceso que comienza desde el mismo momento del nacimiento,
que inician los padres y
todos los miembros de la familia.
Después se continúa en la escuela,
y son los maestros,
los que deben estructurar el proceso paralelamente al del hogar.
Lo que damos a los niños,
a los adolescentes y
a los jóvenes, durante su formación,
permanecerá para siempre.
Quedara mucho mejor gravado en ellos
aquello que demos con amor, no que lo que demos por obligación,
lo que entreguemos sin ganas, lo que dejemos de dar por
egoísmo.
Los docentes y los padres marcan la vida futura de quienes
son por ellos educados.
La educación de hoy deja muchos baches en el corazón,
deja muchos deseos de que podría haber sido mejor.

Tal vez los baches en matemática o lengua o cualquier materia,
no sean tan importantes como los baches que se producen
por falta de amor y comprensión y, a estos últimos, es a
los que menor atención se les presta .
Creo que la educación puede cambiar.
Creo que es posible que la educación sea diferente.
Creo que los docentes pueden tener en cuenta los problemas
e inquietudes de los adolescentes para no presionar,
para no pasar por encima de ellos como si las
cosas que viven no tuviera nada
que ver con la escuela.
Creo que los docentes pueden entender que,
de la misma manera que ellos tienen problemas,
familiares,
económicos,
amorosos,
con sus amistades,
en su trabajo,
también los alumnos los tienen o los sufren en su hogar.
Del mismo modo que estos problemas afectan el buen desempeño
de los docente,
afectan el rendimiento de sus alumnos.
Cuando entendamos esto, estaremos educando en el mundo
real.
Creo que la escuela puede ser para los chicos el refugio donde
sentirse bien,
diferentes,
cómodos,
donde pueden compartir la alegría de su formación,
el agradable proceso de ser cada día mejores,
el rincón donde encontrar un buen consejo, dado por aquellos
que han vivido un poco mas la vida, sus maestros.
¿Es más importante la ciencia, el saber de números y letras
que el corazón?

No creo en los maestros complacientes para los cuales todo
esta siempre bien, y nunca hay nada que corregir.
Creo si, en los maestros que exigen con respeto,
por los tiempos de cada uno,
respeto por la capacidad,
respeto por los sentimientos,
respeto por las formas particulares de ser.
Creo en los limites puestos en el momento justo,
pero no en las injusticias basadas en el estado de animo de
los mayores,
en la incoherencia.
Creo en la amistad entre educando y educador,
en el diálogo franco y directo,
no en las barreras puestas por un miedo injustificado.
No en las barreras que imponen una superioridad absurda.
Creo en el reconocimiento de los limites del educador y en la
posibilidad de un trabajo de educación compartido,
construido entre todos,
dándole al educando el lugar,
el espacio y
la importancia que este tiene para el proceso.
No creo en los docentes enciclopedias, sabelotodos.
No creo en los docentes incapaces de reconocer la razón en
los alumnos y
de dialogar amablemente,
otorgando la razón al que la posea con sencillez y humildemente.

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