QUINCE
Algunas experiencias
Antes de comenzar este capítulo, que incluyo porque ,alguien
que leyó mi escrito lo pidió, debo confesar que me resulta
muy difícil.
Tal vez es la parte más complicada de mi trabajo. Lo que escribí
antes me resultó fácil pues, es lo que pienso pero, contar
experiencias , es delicado pues lo que hice durante mi
vida, nunca tubo el propósito de ser plasmado en un libro.
Lo hice porque estoy convencido de lo que creo y con un desinterés
absoluto.
Pero, creo que, quien me pidió que cuente algunas experiencias,
tiene razón, tal ves sea necesario compartir algunos resultados.
Y, es lo que me propongo ahora, contar humildemente algunas
cosas que cambiaron mi alma y dejaron huellas profundas
en mi corazón.
No sería posible decir nada de lo antedicho si no estuviera
basado en una serie de experiencias, en el haber compartido
muchos momentos, muchas charlas especialmente jóvenes y
adolescentes que planteaban inquietudes y problemas de
vida.
Jamás voy a olvidar lo que me contó aquel muchacho que
abrumado por problemas familiares había decidido alejarse
de la vida introduciéndose en una laguna cercana.
- « Cuando el agua me llegaba a la cintura - dijo- pensé que
en la escuela, había conocido a un tipo macanudo, di vuelta,
salí del agua y vilví a mi casa....»
Para finalizar su confesión dijo:
- «... ese tipo eras vos...»
Honestamente me dejo helado, sin palabras y con un nudo en
la garganta como el que tengo cada vez que lo cuento.
La verdad es que creo que nunca hice nada tan espectacular
como para provocar una actitud tal, solamente le había dado
un espacio para que pudiera hablar de sus cosas, lo había
escuchado, le había hecho algunas bromas desde el primer
día de ingreso, para que se sintiera bien dentro de la escuela,
le había preguntado sobre sus cosas y había comenzado a
hacerme su amigo.
Lo había comenzado a saludar con un apretón de manos desde
el momento de conocerlo.
Es muy poco lo que hay que dar generalmente para recibir
mucho.
Sólo hacen falta el empeño, las ganas de comprometerse, la
sinceridad.
En mi corazón guardo el secreto de muchos chicos y chicas
que confiaron en mi las cosas de las que hablaban por primera
vez.
Siempre pude lograr la confianza profunda de quienes me
rodearon, solo por el hecho de haber escuchado atentamente.
Otra de las experiencias que vivo permanentemenete es la
respuesta de los chicos en la escuela a su primera impresión
cuando llegaron.
Normalmente desde mi cargo en la docencia me toca recibir
a los que vienen por primera vez.
Soy un convencido de que la primera impresión debe ser de
alegría, el primer contacto debe ser con una persona que lo
reciba bien, que lo anime a la nueva experiencia y que les
saque el susto de lo nuevo.
Esto se logra con gestos muy fáciles, con frases alegres, son
simpatía.
Con el correr de los años me voy enterando, por los mismos
chicos, de lo bien que se han sentido cuando los recibí por
primera vez.
Otro detalle importante en la relación y que cultivo hace muchos
años es el saludo.
No es lo mismo saludar levantando la mano y al montón, que
dar la mano y saludar en forma individualizada.
Dar la mano significa estoy saludando a Pedro, a Juan que
son, por otra parte, personas individuales, distintas entre si y
no uno más en el montón.
Dar la mano significa para mi, dar un pequeño espacio de mi
tiempo a cada uno. Mi tiempo que es valioso y por eso lo
comparto.
En las buenas relaciones es muy importante el detalle:
Que bien te queda el pelo corto.
Me gusta tu pullover.
Lindas zapatillas.
Me gusto tu trabajo.
Cuantas cosas nuevas pasan en nuestra vida, y que bueno es
que los demas se den cuenta de ello.
El detalle tenido en cuenta da la sensación de que nosotros
somos considerados por quienes nos rodean y eso nos da
animo, nos reconforta.
Me gusta ser detallista , me agrada la alegría que se refleja en
el rostro de mis amigos, cuando les hago notar que me estoy
dando cuenta de los detalles, de sus cosas.
En el saludo siempre estuve atento a la respuesta del ¿Cómo
estas?
Generalmente la respuesta es Bien porque es una costumbre
ya que si respondemos Mal, nadie se dará cuenta de la diferencia.
Si me responden Mal, inmediatamente pregunto por que? Y
me dispongo a recibir la respuesta con atención para tratar
de tender una mano.
Ojalá nos acostumbraramos a este ejercicio de estar atentos
a la respuesta y a tender la mano en si es necesario.
Lectura previa
Aun habiendo llegado aquí, no estaba muy seguro de que lo
escrito llegará como verdad a ustedes mis lectores, conocidos
o desconocidos. Es por ello que distribuí algunos originales
a gente con la que me relacione hace muchos años para
que, después de una lectura, pudieran decir si en el tiempo
en que nos conocimos y estuvimos juntos, lo dicho aquí fue
vivido en esa relación.
Comparto aquí sus opiniones porque quisiera que ustedes
vean, de algún modo, que no por ser difícil, lo que les digo, es
imposible de cumplir.
A Martín lo conocí a los 9 años, hoy ya es un hombre, casado
y de profesión Ingeniero y dice: « Creo...en el amor, es una
clara demostración de que con sencillas cosas cotidiana podemos
cambiar nuestras vidas y la de las personas que nos
rodean, simplemente manifestando y exteriorizando nuestros
sentimientos.
Puedo afirmar que quien ha escrito este libro, vive y se manifiesta
de tal manera. Lo conozco desde hace muchos años y
a pesar de la distancia, solo geográfica, ha estado siempre
presente en mi mente y corazón y es de esas personas que
sorprenden por el interés en su prójimo.
Leerlo me generó una gran revolución interior. ¿Para que esperar
ponerlo en práctica?
Creo...en el amor, es de esos libros para llevar con uno siempre.
Un abrazo sobre mi corazón. Martín. Tu amigo»
A Daniel lo conocí cuando iniciaba su escuela secundaria, fuí
su profesor en 3º y 6º año. Hoy ya mayor, tiene una familia de
la que han nacido dos hermosos hijos, es abogado
y dice: ‘‘A mi gran amigo: Creo que un mundo mejor es posible,
creo en la amistad entre los seres humanos. Este es un
libro que nos enseña a no dejar de creer en el coraje de las
personas y en los valores que se creen perdidos, pero seguramente
están ocultos. Creo que vale la pena intentar recuperarlos.
Creo en el que está al lado, en el que tiene y en el que
pensamos que no tiene, todos aportan a una sociedad y es
por eso que creo en lo que leo aquí y en lo que siento. Creo
inmensamente en mi amigo, siempre será así’’.
Son muchas las experiencias vividas a lo largo de mi vida
pero lo dejamos aquí.
Cada uno de ustedes, los lectores sabrá, en que momento, en
que situaciones pondrá en práctica lo que de este libro le resulte
útil.
Lo dejo en vuestras manos y me alegro mucho de que hayan
llegado hasta el final con la lectura y, de antemano, estoy feliz
por todos aquellos que adhieran a mi forma de pensar que,
ciertamente, es la forma de pensar de muchos más.
Un abrazo de corazón
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