Título I.
DEJAR HUELLAS
EN NUESTROS HIJOS
Si queremos dejar huellas en nuestra vida es posible o diría casi una necesidad que el primer objetivo sean nuestros hijos.
En ellos no sólo porque deben ser los destinatarios primarios de toda nuestra entrega,
de nuestro amor,
de nuestro ejemplo,
sino también porque son la prolongación misma de nuestra humanidad,
los herederos de nuestra dedicación y esfuerzos,
los continuadores de nuestra obra,
la continuidad de la senda que marcamos,
los que deben recibir lo mejor de nosotros para poder ser felices.
No me cabe duda que cada uno de nuestros hijos es una particulariad,
que no pueden ser iguales, pero ciertamente, hay muchas cosas como el buen ejemplo,
la honestidad,
el ser buenas personas, con capacidad de entrega, lo tienen que aprender de nosotros.
Esas son fundamentalmente las huellas que debemos dejar marcadas en ellos.
Nuestros hijos son nuestro reflejo,
si ellos ven en nosotros buenas personas eso serán.
Si nos saben honestos, eso serán.
Si nos ven ser respetuosos de los demás, eso harán.
No es fácil ciertamente cuando nuestro amor es tan grande, ser lo suficientemente objetivos.
Es difícil poder discernir en realidad, qué es lo bueno y qué es lo malo, para nuestros hijos, qué les podemos y qué no les podemos permitir.
Estamos casi permanentemente pensando que equivocamos el camino y tratando de corregir acciones para no equivocarnos y por ello muchas veces subestimamos a nuestros hijos.
Siempre los vemos más pequeños de los que son.
A veces es necesario que nos golpeen, con algún hecho o algunas palabras, para darnos cuenta de que han crecido
Esto es un tanto peligroso porque también los hijos están permanentemente tratando de hacernos saber que han crecido y que han madurado y no siempre encuentran las mejores formas de llamarnos la atención.
Suelen hacer travesuras,
andar mal en el estudio,
pelear con sus hermanos
y a veces, hacer cosas más graves
como drogarse,
dañar cosas,
emborracharse etc.
Para que los veamos y nos demos cuenta que están allí.
Posiblemente muchas de estas acciones se puedan evitar con el solo hecho,
de estar presentes y
siempre atentos para nuestros hijos,
valorando sus esfuerzos,
reconociendo sus sacrificios,
admirando sus destrezas.
Si, ya sé,
trabajas un montón,
esa es la realidad, siglo XXI de la familia,
y para darle a tus hijos todo lo que necesitan.
Es verdad que son muy demandantes de cosas materiales, pero también eso es un modo de llamar la atención de los padres.
Ellos necesitan cosas materiales,
su inserción social se los exige, pero también necesitan un CORAZON ,
el de sus padres, entregados en demostraciones de amor.
