martes, 15 de junio de 2010

Título VI
DEJAR HUELLAS
En nuestros alumnos
Carta 7. Carta a una maestra cansada
Me decías que ya estabas cansada de ir a la escuela, de aguantar a los “muchachitos”, que cada día son más irrespetuosos. Que no les interesa nada y no cumplen con sus tareas.
Además me comentabas que te da bronca el hecho de que los padres no van a la escuela si siquiera para saber cómo van los hijos y que no les hacen cumplir con sus tareas.
Y para colmo me decías, que tu directora no te deja en paz pero, tampoco te acompaña en tus problemas áulicos y con los padres.
Sinceramente, te entiendo yo hace 25 años , como sabes, que trabajo en docencia y como vos, también pase por esta etapa. También sentí que era solo de los otros a responsabilidad de lo que me estaba pasando con mis alumnos, sus padres y mis directivos de las cosas que yo estaba sufriendo
Es cierto que la sociedad hoy esta creándole a chicos una costumbre de desinterés, irresponsabilidad e irrespeto hacia la escuela y sus maestros.
También es verdad que los padres tienen que trabajar cada día más para poder sostener a su familia con un poco de dignidad y....qué tiempo les queda para la escuela??
Nuestros directivos también están un poco perdidos por la cantidad de cosas de la que son responsables, las cuestiones pedagógicas, las administrativas, el personal y qué se yo...cuántas cosas más.
Ojo ¡! Nada de lo que he dicho justifica, la violencia, el olvido aunque, también es cierto, que a vos te están pasando cosas que hacen que no estés bien y no puedas cumplir tus responsabilidades como quisieras.
Sería bueno que te detengas un poco, y trates de reflexionar acerca de la posibilidad de: primero, comenzar a sonreír con el corazón, tratando a tus alumnos con caridad, tocándolos un poco, con gestos y palabras. Sería interesante que te intereses un poco de sus problemas familiares, no para cargarte de ellos, sino para ayudarles a soportar la vida que tienen y de ese modo te ayudarán a soportar la tuya.
Qué pueden hacer los chicos por vos?. Te aseguro que te vas a sorprender.
Vos lo sabes, desde que elegiste ser docente, tal vez hoy lo tengas un poquito olvidado.
Párate frente a ti misma, empieza a amarte de verdad. Besa, cada día, a tus hijos. No te sientes en el fondo del pozo para ver el cielo, lo veras muy pequeño, siéntate en el borde de arriba y lo verás en toda su extensión y podrás meditar con más tranquilidad y con una visión mucho más amplia.
Piensa en eso que antes llamábamos VOCACIÓN, eso es lo que te llevó a ser docente, trata de recuperar esa idea inicial.
Tal vez fuiste muy idealista, pensaste que sería fácil y no lo es, que tendrías todas las facilidades y no las tienes, el respeto de los padres y está ausente, la compañía de la familia y estás sola.
Está bien, en ese sentido te entiendo, pero...el objetivo de tu vocación era sin lugar a dudas “ un sujeto que necesitaba de tu empeño para conocer el mundo, para aprender las maravillas del mundo, para leer, sacar cuentas, vivir las fantasías.”
Ellos son uno de los principales destinatarios de tu amor y, lee ese fragmento sobre “ el poder del tacto en las relaciones humanas” que te envío y no tengas miedo en ponerlo en práctica.
En la medida de que vos entregues tu corazón ellos irán respondiéndote,
Pues....ese sujeto, junto a sus dificultades, sus problemas, sus falencias....está ahí y aun así necesita de vos.
Pero... te repito quiérete primero a ti misma como quieres a los demás. Especialmente a tus alumnos que son como tus hijos, no de sangre, sí del corazón.
A los padres no los trates con una actitud hostil como la que ellos suelen tener, descolócalos con una amplia sonrisa, con palabras amables, con voz pausada y clara, entendiendo sus particulares situaciones.
A tu directora escúchala, dale la razón, trata de hablarle con un tono totalmente distinto al que ella usa contigo.
Busca tu paz interior y ofrécela.
Comienza a cambiar tu entorno, desde tu corazón, y volverás a encontrar tu VOCACIÓN “MAESTRA”.